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jueves, 15 de junio de 2017

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Palabras chirriantes que se esconden en la boca de mi garganta;

ellas gritan, me recriminan; me suplican por una explicación.

Sin compasión, mi mirada gélida desdibuja la visión de la realidad y poco a poco creo ver los fantasmas de mis propios engaños. Los engranajes que mueven este destartalado cuerpo comienzan a girar automáticamente; mi mente se esconde bajo las mantas de mi prisión.

Palabras resentidas que se suicidan en un nudo silencioso;

si tan solo ellas desaparecieran....

pero un mar de semillas putrefactas se filtran por el mecanismo.

Sin emoción, mi sonrisa oculta el lugar del crimen y poco a poco ni el sol ni el aire se atreven a atravesar el escudo de mi rostro. Los tumores que han invadido este destartalado cuerpo comienzan a germinar; mi oscuridad alimenta una zarza confusa.

La carne se desgarró. No recuerdo que me doliera o que me causara emoción alguna. Entre el agobio y la insensibilidad abrí mi corazón para tan solo encontrar el vacío.

A penas percibo el transcurrir de los días desde entonces pero prefiero flotar en esta niebla plomiza que sentir en mí los tercos rayos de sol; me dan migraña.

La zarza se secó. Recuerdo que su cáscara se convirtió en polvo y las heridas internas en muescas. Entre la tormenta y la calma ahora me pregunto qué es lo que debo hacer.

- Sta. Rigoberta.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Cadenas de fantasmas.

Nada me satisface. Todo parece lo mismo.

¿He perdido el color? ¿He perdido la esencia?

Es todo gris, es todo insípido.

¿Qué me ocurre? ¿El mundo siempre ha lucido así?

Mi fuego sigue encendido pero no puedo sentir su calor, sus llamas han perdido luz. Ni siquiera estoy triste, solo me produce decepción. Mis ojos no pierden ante la vivacidad de aquellos expuestos en la pescadería, viajan e incluso observan mucho más que desde el mar. Mis labios están quietos, no producen arrugas, silenciosamente juzgan y mis cejas los ayudan. Ostento una expresión de desdén, de aquellas que piden a gritos ser descompuestas, sin embargo, no puedo hacer nada, mi cuerpo es niebla.

A todo le encuentro defectos. A todos los veo ridículos.

¿Está en mi o está en el inmenso otro?

Frustración. Impotencia. Resentimiento. Inferioridad.

¿Por qué estoy tan llena de ira? ¿Es vacío o enfado?

Duermo día y noche, no sueño nunca. Me arrastro sobre mis dos pies mientras olfato, audición y tacto se deshacen entre las telarañas que comienzan a tapar mi marmólea figura. Dentro de mí crece y crece la rosa del Laurel, crece y crece bella y marchita y sin faltar a su naturaleza me envenena. Lentamente, mi propia arpa perforada por palabras cobardes se ahoga entre nudos y silencios. El aire pesa sobre mis hombros y me encorva, me doma, me hace esclava de un fantasma. No estoy encadenada, soy libre pero me quedo quieta, renuncio a mi movilidad, me rindo ante la vida, me limito a observar.

Todo a mi alrededor se ralentiza o coge todavía más velocidad, que más da.

¿Importa algo? ¿Qué es eso tan maravilloso que todo el mundo persigue?

Simplemente dejadme dormir.

¿Soy humana? ¿Qué soy?

De tantas preocupaciones mi mente huyó que me quedé a solas con la calma, una calma letal e inocente. No alcanzo a comprender como algo tan necesario puede ser a la vez tan repugnante, me quedé a solas con un espejo y en el reflejo no estoy yo.


- Sta. Rigoberta.





jueves, 13 de octubre de 2016

Buenas Noches

Con las yemas de los dedos acaricio las hojas de papel.

Un gesto íntimo. Una amenaza. Un acuerdo.

La blancor aún no transgredida desafía mi entera existencia en su larga extensión. Sigo acariciándolas hechizada, como repitiendo un mantra.

Mis miedos, mis secretos, mis sombras, mis alegrías, mis mentiras, mis deseos... mis ilusiones... se condensan, se funden indisolubles. Mi mente ligera y desprovista de razones vuela por lugares cercanos, se centra en detalles repentinamente interesantes; la suavidad del papel, las arrugas de los márgenes, las impresiones táctiles de palabras ya olvidadas...

Me detengo.

Mis párpados se cierran por propio peso.

Lucho.

Restriego mi fría nariz contra el antebrazo donde descansa la cabeza. Las puntas de mis pies se retuercen debajo de la manta en busca de calor. Dibujo con un dedo el movimiento de la música. Los enormes cascos que ostento reproducen notas danzarinas que me susurran sueños.

Mi brazo se ha dormido. Cambio de postura.

Me acurruco entre las sábanas y me abandono al ritmo. Nunca seré capaz de volver a despertarme.


                                      - Sta Rigoberta.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Sta.Rigoberta

Sincera, profunda y honestamente me disculpo por los vergonzosos actos de literatura con los que bombardearé este blog. No me atrevo si quiera a definir lo que aquí haré aunque posiblemente simplemente sean presurosas contemplaciones de personajes o reflexiones vomitadas de mi carcomida neurona (la única que de momento tira). No sé si os resultaré interesante, al menos espero que sea entretenido y sino ... pasad de largo ¿no? No me seais masoquistas.

Mi nombre no pertenece a ninguna persona de la que sea consciente, no siento particular afecto hacia ninguna figura de autoridad (?). Vamos que no admiro a nadie así que decidí llamarme por el mote que mi padre utiliza cuando me reclama cada vez que quiero salirme con la mía porque sí, me gusta salirme con la mía. Rigoberta. No vayais a pensar, al final le he cogido cariño a esas nueve letras y todo, demasiados años.

No sé que puedo deciros para que os hagáis una idea de la persona que está detrás de estas palabras mas que es irritablemente inconstante y condenadamente existencialista. Mis gustos nunca son los mismos, no creo que haya algo que me caracterice más que mi voz de volumen alto (otras personas lo calificarán como griterío) pero ya que eso no se puede comprobar aquí quizá sea mi gusto por lo peculiar, lo extraño, lo particular en lo común, la búsqueda de la magia en lo ordinario ... sí, quizá si.

Dicho esto admitiré en secreto que espero ser una buena lectura.

Se despide la Sta. Rigoberta.